El síndrome de Samo: mal que busca la muerte en el sexo|Enfermedades y Sindromes

Amplio resumen de las enfermedades y sindromes más raras que existen en nuestro planeta.

martes, 24 de mayo de 2011

El síndrome de Samo: mal que busca la muerte en el sexo



Se trata de un trastorno afectivo sexual de carácter minoritario que puede ser un indicador de trastornos psicológicos ocultos pero que sentó las bases de lo que más adelante serían las enfermedades de transmisión sexual.

La historia comienza en la isla de Samos, en el mar Egeo, que se hizo famosa en el pasado porque había una colonia de leprosos. En ella, a diferencia de otros lugares, no existía prohibición de contacto entre los enfermos y los habitantes de la isla, que incluso podían tener relaciones románticas y sexuales culminando en el matrimonio con los enfermos.

Cuentan que una mujer en perfecto estado de salud se casó con un leproso y que no hizo nada para evitar la infección, es decir, no tomó precauciones sino que más bien se sintió atraída mental y físicamente por el hecho de que su pareja tuviera lepra.
El Instituto de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Bolonia se inspiró en esta isla y en este caso para dar su nombre a esta inclinación psicopatológica y analizar otros casos de mujeres que habían tenido relaciones con hombres portadores del virus VIH (y otras enfermedades de transmisión sexual como sífilis o gonorrea) y con quienes tuvieron relaciones sexuales regulares sin protección.


Se trata de un trastorno en el que intervienen diferentes áreas como la afectividad, la sexualidad y la relación con las personas portadores de enfermedades con características epidémicas que se transmiten fácilmente por contacto sexual.

La enfermedad aparece como una fuerte y a veces obsesiva fijación a la pareja y una clara preferencia y atracción por los portadores de enfermedades contagiosas o de enfermedades de transmisión sexual como sida, la gonorrea, la sífilis, la hepatitis, el virus del papiloma humano... sin que exista la más mínima preocupación por llevar a cabo prácticas preventivas ante el más que posible contagio.

Para realizar un diagnóstico correcto de este desorden afectivo es necesario realizar una serie de pruebas desarrolladas dentro del ámbito de la salud sexual y relacional. En Italia, el más famoso es el SESAME (Sex Relation Evaluation Programa), desarrollado en 1996, y diseñado para analizar la sexualidad en su totalidad, tanto en lo que respecta a su relación con los demás como con uno mismo.

Según los estudios realizados el detonante principal de esta afección podría ser la búsqueda del amor paterno reflejado en el amor ‘incondicional' por la pareja enferma. Las primeras señales de alarma podrían aparecer en la adolescencia debido a este conflicto interno por la falta de cariño.


Tanto las pruebas diagnósticas como el tratamiento adecuado son responsabilidad exclusiva de los médicos y psicólogos profesionales que además deberán comprobar la estabilidad mental del paciente y buscar el origen del problema. Para ello podrán valerse de una herramienta informática especialmente diseñada para este fin que sirve para extraer, recopilar y analizar datos de forma precisa. La única crítica que se ha hecho a este software es el tiempo de duración de la prueba ya que se necesita aproximadamente una hora para completar el ejercicio.

La gravedad de este síndrome es que no es simplemente un trastorno que perjudica a la persona que lo sufre, sino que también contribuye, en parte, a la propagación del contagio del VIH en la población.

Según la OMS, cada año 340 millones de personas contraen enfermedades sexuales. Se dan casos como el que recoge un estudio realizado en el Clínico de Barcelona de un joven de 18 años que se contagió con el VIH en su estreno sexual durante un viaje al extranjero.

Puede atribuirse a la fatalidad, pero lo cierto es que resulta mucho más frecuente de lo que pueda parecer. "Por una vez no va a ocurrir nada", argumentan muchos jóvenes, y sin embargo, acaba ocurriendo.


La falta de percepción de riesgo no se da sólo en la juventud. Los turistas se olvidan del sexo seguro en cuanto se ponen los bermudas: casi la mitad (el 46%) practicaron sexo con nativos sin utilizar preservativo, lo que a algunos les acarreó graves consecuencias: el 3,4% se infectaron con el VIH y un 5,3% adquirieron alguna enfermedad de transmisión sexual.

Recuerda, aunque hay grupos de riesgo, las ETS no tienen sexo, clase social, edad ni fronteras.

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