La bacteria E. coli, sustancia básica en las armas biológicas.|Enfermedades y Sindromes

Amplio resumen de las enfermedades y sindromes más raras que existen en nuestro planeta.

martes, 7 de junio de 2011

La bacteria E. coli, sustancia básica en las armas biológicas.


Nadie se imaginaba que la bacteria E. coli que tenemos todos en el intestino pudiera ser básica para el armorio de las armas biológicas. Diáspora trata de explicar y alertar del peligro de éstas

Sin ánimo de enmendar la plana a la Organización Mundial de la Salud o a Alemania sobre la procedencia de los pepinos que transportaban la bacteria E. coli (Escherichia coli), causante de varias muertes y de la alarma consiguiente, se ha pedido una investigación exhaustiva sobre el origen de la bacteria E. coli que supuestamente afectaba a los pepinos procedentes de España.

En los últimos tiempos ha habido numerosas manifestaciones públicas contra la ingeniería genética. La mayor parte de las inquietudes se centraban en su aplicación a la agricultura y a los alimentos genéticamente modificados (Transgénicos). Los científicos que realizaron muchos de esos experimentos han enfrentado riesgos y han advertido que se podría utilizar ese mismo método, sin demasiada dificultad, para desarrollar una nueva cepa letal de una bacteria bien elegida e iniciar así una guerra biológica privada.

"Al modificar el virus de una determinada manera, descubrimos el poder de matar seres humanos, personas normalmente resistentes a las clases de cualquier microorganismo que está en el ambiente", declaró Bob Seamark, director de la investigación. "Lo inquietante es que esta modificación que puede también provenir de un error o fallo humano pueda aplicarse con tanta facilidad a los virus humanos de manera que aumente su virulencia al 1000% o, al menos, reforzar su capacidad letal".

Científicos del mundo entero llevan a cabo todos los días en laboratorio cientos de experimentos consistentes en modificar genéticamente bacterias o virus. Como se pudo apreciar en el histórico caso en el mundillo de la genética en el que de unos australianos, produjeron nuevos virus altamente peligrosos. Nos referimos a la creación accidental de un virus letal durante un experimento banal de ingeniería genética que fue una señal de alerta al respecto. En el experimento fallido, un virus mousepox (estrechamente emparentado al virus de la viruela) adquirió tal capacidad de dañar el sistema inmunológico que experimentado en ratones de laboratorio, los mató a todos de manera fulminante. Los científicos que participaron del experimento advirtieron que no es nada difícil fabricar virus similares, letales para los seres humanos. ¿Estamos en peligro de contraer nuevas enfermedades creadas en laboratorios mal supervisados?. De ahí nació la necesidad de supervisión y regulación de la tecnología.

No descartamos, pues, que en el caso de los pepinos o en cualquier otro similar, la posibilidad de que se pueda haber esparcido esta bacteria como arma biológica por error humano y se haya recurrido al invento de los pepinos españoles para tapar la falla.

Pero eso nos advierte a todos que se puede recurrir a los medios para ocultar sustancias radiactivas en el aire y en el agua de Alemania o en cualquier otro lugar. De momento, en donde se ha demostrado y publicado algo relacionado con la cepa de la bacteria E. coli y que haya causado muertos ha sido en Alemania. Son hoy los productos alemanes los que se encuentran en Alemania y los que pueden estar afectados; los productos españoles, en España, por ahora, no han mostrado el menor signo de la cepa mortal de E. coli.

Sobre la ingeniería genética y el uso en la guerra biológica de la E. coli, de forma superficial y para legos, Paz Digital se atreve a desvelar algunos aspectos hasta ahora secretos, de conocimiento restringido a sectores reducidos de la población mundial o poco conocidos.


Hace varios años que -basándose en los descubrimientos de los años 90, efectuados por el profesor Macaskie, de la Universidad de Birmingham- se ha descubierto que la bacteria E. coli se puede utilizar para recuperar el uranio de la atmósfera y de las aguas contaminadas por residuos nucleares. Para ello, se debe utilizar la bacteria E. coli a la vez que un compuesto de fosfato de inositol. Esta bacteria tiene la capacidad de romper el enlace del compuesto, que, en presencia del uranio, permite que se forme un fosfato de uranio que se adhiere en las células de la propia bacteria E. coli.

Las bacterias contaminadas se pueden recolectar y extraer de ellas el uranio o “enterrarlas”; lo que permite, además de recuperar el uranio, descontaminar las aguas y el aire; y, sobre todo, borrar las huellas de residuos nucleares ocasionados por experimentos, accidentes o ataques que llevan la contaminación nuclear de un lugar a otro del planeta.

El uso de la bacteria E. coli, reconfigurada para que consuma residuos nucleares y residuos de armas químicas y bacteriológicas, ha sido admitido por un equipo del LBNL (Lawrence Berkeley National Laboratory). Keasling, por ejemplo, manifiesta:

“Nosotros hemos manipulado la E. coli y la Pseudomonas aureginosa para que acumulen en su pared celular uranio, plutonio y otros metales pesados, lo que nos permitirá filtrar los contaminantes de las aguas contaminadas”.

La fuente de bacterias se puede encontrar en residuos orgánicos; la de fosfatos, entre otros lugares, en el Sáhara y en el norte de África en general. Sobre la acción de esparcir sustancias contaminantes, "descontaminantes" y borradoras de huellas más o menos bélicas y más o menos próximas, tanto en el aire como en el agua, se han escrito ríos de tinta que los contaminadores de mentes han calificado como conspiranoias. No vamos a
El uso de la técnica citada, para recuperar uranio y para defender la limpieza de la energía nuclear -así como para atacar a los países que, en teoría, no la utilicen correctamente-, es más que una posible estrategia para cerrar centrales nucleares en unos países y abrirlas en otros. Entre los países con más centrales nucleares, se encuentra Francia. Su connivencia con los países de la UE en el reparto de energías -como "caramelos" es patente. En ese reparto de licencias en las eléctricas, la preferencia es para Alemania; las nucleares, para Francia; y para Inglaterra y USA, las que quieran.

La bacteria E. coli, con diseño y rediseño sintéticos, ha sufrido múltiples modificaciones. Por ejemplo, hacia el año 2000, el biólogo Hellinga, de la Universidad de Duke, rediseñó un sensor proteico de la Escherichia coli, capaz de unirse a los residuos del explosivo TNT o a otras sustancias explosivas que se deseen detectar. Eso unido a un circuito –diseñado por Weis, de la Universidad de Princeton- centellea y permite detectar minas antipersona. Pero la bacteria así transformada va siendo cada vez más peligrosa para el cuerpo humano, al ser incompatible el consumo de antibióticos con la infección que provoca.

Sin embargo, el conocimiento de los riesgos que entraña para la salud la bacteria E. coli manipulada es de alto secreto, y así lo expresa uno de los documentos que, por ahora, nadie se ha atrevido a desvelar, en el que se dice de forma expresa que es un documento solo para uso farmacéutico, y se prohíbe su transmisión por cualquier medio.


No obstante, también de ámbito farmacéutico, es el documento de “Microbiología, ingeniería genética y desarrollo de armas biológicas” del que se extrae -a efectos de análisis, reflexión y comentarios- los siguientes fragmentos que se puede considerar un bien de interés público, social y cultural:

El uso de microorganismos (virus, bacterias) o agentes bioactivos (toxinas), con el fin de producir enfermedades a las fuerzas militares enemigas, a la población civil o contaminar sus fuentes de agua o alimentación, es lo que conocemos como guerra biológica.
Para fabricar un arma biológica se puede utilizar, teóricamente, cualquier microorganismo patógeno, y solamente con un pequeño número de éstos se puede convertir en un arma de un enorme potencial.
Los microorganismos seleccionados deben tener el poder de cultivarse en grandes cantidades y de dispersarse con facilidad utilizando, por ejemplo, aerosoles. Estos microorganismos deben ser muy infecciosos, es decir, que con una baja dosis del mismo se pueda inducir la enfermedad y, preferentemente, que el contagio sea persona a persona. [...]
El manual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) menciona 31 organismos con una potencialidad real de ser usados como armas biológicas. [...]

Desde que entró en vigor la Convención de Armas Biológicas (CAB), en 1972, han firmado o ratificado la CAB muchos países que disponían (disponen) de estas armas; entre ellos: Siria, Irán, Irak, Libia, Corea del Norte, China, Egipto, Cuba, Taiwán, Rumania, Bulgaria, Pakistán, la India y Sudáfrica. No quiso firmarlo Israel. Los países citados, firmantes o no de la Convención, saben que, si bien se prohibió el uso de armas biológicas con fines de ataques bélicos ofensivos, la CAB acordó “tolerar la investigación y la producción de determinadas cantidades de armas biológicas con fines estrictamente defensivos”. O sea que pueden tener laboratorios legales y manipular toda clase de bacterias o sustancias susceptibles de transformarse en armas biológicas.

Otra estrategia de la ingeniería genética es la transferencia de genes que se codifican para la síntesis de toxinas altamente tóxicas. El biofísico Steven Bloch, de la Universidad de Stanford (EE.UU.), asesor de la Casa Blanca, planteó la posibilidad del aislamiento del gen de la toxina causante del botulismo, provocado por Clostridum botulinum. Esta bacteria anaeróbica muere ante la presencia de oxígeno, pero si se transfiere el gen que sintetiza la toxina a otra bacteria como la Escherichia coli, “una bacteria común que vive en el intestino de los humanos, las posibilidades de utilizar este microorganismo como arma biológica serían catastróficas”.

Con respecto a la bacteria E. coli que como hemos visto en el párrafo anterior la citan hasta en la Casa Blanca extraemos otro párrafo sobre la citada bacteria. El Dr. Breindl, catedrático de Biología Molecular de la Universidad de San Diego (EE.UU.), afirma que existen planes para modificar genéticamente microorganismos de la flora intestinal, como E. coli.

Explica que el procedimiento sería muy simple: primero se le introducirían genes de resistencias para hacerlos inmunes a los antibióticos; (recuérdese que Diáspora citaba en precedente trabajo la importancia de la resistencia de E. coli a los antibióticos, considerando que en el caso de la bacteria en Alemania, los antibióticos que se aplicaron eran ineficaces).

El Dr. Breindl sugiere que después se podría elevar su resistencia a los ácidos gastrointestinales a fin de conseguir su rápida proliferación intestinal; también sería posible introducir genes de otros microorganismos con la finalidad de que sinteticen toxinas o, por ejemplo, que sinteticen un anticoagulante. Podemos deducir de las palabras del famoso Doctor que las posibilidades de hacer un arma biológica aún más letal que lo usual son infinitas por lo cual sólo publicamos algunas de las sugerencias “diabólicas” que los fabricantes de esas armas podrían aprender.

Por muy legos que seamos en la materia, comparemos lo expresado en todo este reportaje con los efectos que está produciendo la bacteria E. coli en Alemana y otros países y eso hace pensar en la posibilidad de que la E. coli mortal de la que se habla en la actualidad tiene el aspecto de un pepino español o de otra clase de “pepino”.

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